… ¡ven, Tú mismo,
a mi casa y conviérteme!;
¡espero tu Visita!,
¡no tardes más, Señor!…
… Tu eres la Palabra
que fecunda mi silencio,
y eres el Silencio
en que se gesta mi palabra…
… eres el Centro de mi intimidad
pero no me manipulas,
y eres el Señor del universo
pero no me paralizas…
… eres la Imagen del Padre
a quien miro en Ti,
y eres el Rostro humano
en quien me veo a mí…
… eres la Sabiduría de Dios
que me vuelve loco,
y eres la Locura de amor
que me vuelve sabio…
… eres el Principio del día
de dónde parto cada jornada,
y eres el Final de los tiempos
donde ya he llegado…
“… Jesús le dijo:
‘Yo mismo iré a sanarlo’…” (Mateo 8,7)
(… la “rosa sin por qué” permite que la gratuidad venga a su vida y, así, llegue a otros… con el Evangelio de hoy, San Mateo 8,5-11…)