“¡Ven, sígueme!”

… “¡ven, sígueme!”… recibes esta invitación y quisieras que te dieran una “dirección”, ¿a dónde?… quisieras señales que te ayuden a encontrar “el” lugar… no conseguirás un “domicilio”, porque vas más allá de todo lugar establecido entre límites pensados o determinados… la invitación es a un “lugar” que no tiene dirección porque, de algún modo, las tiene todas… hallas el jardín interior en “ti mismo”, no “fuera” de ti, el “lugar” está en tu corazón… y lo que está demasiado cerca, lo más inmediato, no se descubre detrás de ciertas fronteras sino que se recibe en quietud, en silencio, en confianza… es el “llamado”, es el “encuentro” con la Vida misma… es la unión al Viviente… la vida la recibes, y todo lo repleta… la “invitación” es de ir adentro tuyo, a tu corazón… “¡ven a ti!”, “¡sígueme a tu interior!”… la #rosasinporqué no vacila ante la invitación de la gratuidad, además lo deja todo y todo lo encuentra… ¿escuchas la invitación a más adentro que te hace la gratuidad?, ¿eres capaz de dejar las sobras para quedarte con todo?… (con el Evangelio de hoy, San Lucas 5,27-32)…